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19 de marzo de 2012

¡Solo en casa!

"De las miserias suele ser alivio una compañía."
Miguel de Cervantes, escritor.




Sábado, 6 de la mañana:
Por detrás, una complicada semana de duro trabajo y más duro cavilar, pero por delante me espera un largo fin de semana, sábado, domingo y lunes festivo. Hasta aquí todo más o menos normal, la anormalidad reside en la novedad de que este fin de semana estaré:

SOLO EN CASA

¡Ah, libertad, allá voy! Conduzco raudo los escasos kilómetros que me separan del hogar, dulce hogar. ¡Tres días! Tres días en los que aún no sé que voy a hacer, intento pensar, tarea difícil ante tan prometedora perspectiva. Demasiadas cosas en la cabeza. No debo distraerme, está empezando a salir el sol... ¡ya sé! recurriré a la Música, mi analgésico, mi musa, mi... ¡cachis! ¿y esa curva? Será mejor que me calme, pondré la radio e intentaré concentrarme, algo se me ocurrirá.

'Orfeo en los infiernos'
(Can-can)


Archiconocida pieza que mucha gente relacionaría con ámbitos de moralidad distraída, en donde se conoce popularmente como Can-can, sin ni siquiera sospechar que nació como parte integrante de la muy singular ópera cómica, u opereta, Orfeo en los infiernos (Orphée aux enfers), compuesta en el siglo XIX por el músico francés, aunque de origen alemán, Jacques Offenbach. Está basada en el mito griego de Orfeo y Eurídice y pensada como una parodia crítica del Orfeo del compositor alemán Gluck y, a su vez, de la escandalosa sociedad civil y política francesa de la época a la que tanto le gustaba martirizar en sus numerosas obras bufas.

Cartel original

Pues no, no se me ocurre nada. Tengo la cabeza embotada, necesito descansar. Me daré una reconfortante ducha y a dormir. ¡Eso sí! No pienso preocuparme de si salpico o dejo de salpicar el suelo y las paredes del baño de agua y jabón. Y además pienso dejar la ropa sucia allá donde vaya cayendo y las toallas mojadas en cualquier sitio, ¡hala, menudo soy yo! Cuando despierte veré las cosas con más claridad. Sí. Con un poco de suerte soñaré algo bonito, quizá algo revelador. 


'Cabaret'

What good is sitting alone In your room?
Come hear the music play.
Life is a Cabaret, old chum,
Come to the Cabaret.
Put down the knitting, The book and the broom.
It's time for a holiday.
Life is a Cabaret, old chum
Come to the Cabaret.
Come taste the wine, Come hear the band.
Come blow a horn, Start celebrating;
Right this way, Your table's waiting.
What good's permitting Some prophet of doom
To wipe every smile away.
Life is a Cabaret, old chum,
So Come to the Cabaret!
I used to have a girlfriend Known as Elsie,
With whom I shared A four sordid rooms in Chelsea
She wasn't what you'd call a blushing flower...
As a matter of fact she rented by the hour.
The day she died the neighbors Came to snicker:
"Well, that's what comes from too much pills and liquor."
But when I saw her laid out like a Queen,
She was the happiest... corpse... I'd ever seen.
I think of Elsie to this very day.
I remember how she'd turn to me and say:
"What good is sitting all alone in you room?
Come hear the music play.
Life is a Cabaret, old chum,
Come to the Cabaret.
And as for me, And as for me,
I made my mind up, back in Chelsea,
When I go, I'm going like Elsie.
Start by admitting, From cradle to tomb
It isn't that a long a stay.
Life is a Cabaret, old chum,
It's only a Cabaret, old chum
And I love a Cabaret.
La carismática cantante y actriz estadounidense Liza Minelli ante el papel de su vida en una de las más famosas escenas de la aclamada película Cabaret, que en 1972 se llevó 8 de los 10 Óscar a los que estaba nominada (y eso que competía nada más y nada menos con El Padrino, de Coppola), uno de ellos, a la mejor actriz principal, para Liza, por supuesto. Como obra maestra, que lo es, ostenta el privilegio de ser una de las joyas preservadas en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. ¡Aleluya!
¡Oh! Ya no recuerdo que estaba soñando, ¡maldito despertador! En fin, será mejor desperezarse e improvisar sobre la marcha... Vaya, un post-it pegado en la puerta, a ver que dice...
Estaré con mis padres en la costa toda la semana.
Como tienes 3 días libres te dejo unas tareas:
   -Pasar la aspiradora y fregar los suelos
   -Limpiar cristales
   -Hacer la colada (la lavadora está en la cocina, debajo de la encimera)
   -Tender la ropa y cuando esté seca plancharla y guardarla con cuidado
   -Procura dejarlo todo recogido y en orden, como lo encontraste
Creo que nada más, si se me olvida algo te llamaré
                               Pásalo bien, TQM, besos.

     PD: la cocina está detrás de la puerta que hay enfrente de tu sillón favorito,
     sí donde está el 'armario que tiene cervezas frías'  
Necesito un calmante. 
¿Alguien tiene un calmante? 
¿Y una 38? 
¡Oh, Señor! ¿Otro post-it? En fin, podría haber sido peor...
-¡Ah! A mamá se le ha ocurrido que como no van a estar podías aprovechar para pintarles las paredes de toda la casa, ¿verdad chiquitín? ¡Hala, toma otro beso, de mamá!


O no.





          

10 de marzo de 2012

El Resplandor

"Nunca rompas el silencio si no es para mejorarlo"
Ludwig van Beethoven, compositor alemán.






     Gracias Maestro, sabio consejo, pero me vas a permitir que lo ignore, sólo hoy, te lo prometo, porque hoy lo que menos necesito es un atronador silencio que acentúe, aún más si cabe, la extraña sensación de melancolía y soledad que me invade. Con tu permiso.

Luché, aún derrotado, contra la Distancia,
afilada daga del Espacio y del Tiempo
(que nunca tan relativos me fueron),
homicida de mil conversaciones inexistentes,
yermas, frías, inertes,
hijas no nacidas del Despertar y la Desidia.
Luché, y aún derrotado, perdí.
                                                       (Florentino Menéndez).


     Mis queridos visitantes y amigos, hoy, si pasada la medianoche observáis un extraño fulgor más allá del lejano horizonte, donde cielo y tierra parecen unirse en fraternal abrazo, salid, echáos a la calle y festejad tan insólito fenómeno. Bailad, reíd, abrazáos y besáos. Besáos como si fuera esta noche la última vez (que no lo es, tranquilos). Hacedlo en mi honor y no temáis, ese misterioso e insólito halo de refulgente luminosidad, no es más que el Resplandor producido por las ya incontables velas de mi tarta de cumpleaños.
     Nacemos -o nos nacen- y al principio nos van llevando de la manita por ese camino de flores que llamamos vida, según vamos creciendo, aumenta, a su vez, nuestra curiosidad por conocer nuevas experiencias, cuantas más mejor, hasta que se apodera de nosotros una irrefrenable sed de todo y aceleramos más y más con tal de llegar antes, desdeñando los continuos avisos de quienes antes han disputado esa carrera de obstáculos y tramposos atajos. Tal llega a ser la velocidad adquirida, que para cuando nos damos cuenta de que es un camino equivocado, ya es demasiado tarde para frenar y más tarde aún para dar la vuelta y empezar de nuevo.
Así es la vida. Y así suena:

'Variaciones en una cuerda'

 Preciosa pieza compuesta por el músico italiano Niccolò Paganini, virtuoso intérprete de violín, viola y guitarra, hasta el punto de que se decía que había pactado con el mismísimo diablo a cambio de sus extraordinarias dotes como violinista. Esta obra está basada en un tema del Moisés en Egipto, de Rossini, e interpretada al violonchelo acompañado en segundo plano por un amable piano. La ejecución se realiza íntegramente sobre la 4ª cuerda del violonchelo, de ahí su nombre.



     Se cuenta en la obra 'Edipo Rey', de Sófocles, como, desterrado de Tebas y camino de Ática, Edipo intenta convencer a la Música para que calme a las Furias quienes le persiguen tras cometer el famoso parricidio. Yo, huyendo de mis furias particulares, el Tiempo que me persigue y el Espacio que me aprisiona, la Injusticia que me repugna y mi Humanidad que me avergüenza, también busco mi refugio en la Música, y, a veces, algunas veces, no lo encuentro.

'Music for a While'

Music for a while
Shall all your cares beguile.
Wondering how your pains were eas'd
And disdaining to be pleas'd
Till Alecto free the dead
From their eternal bands,
Till the snakes drop from her head,
And the whip from out her hands.


     Y ya que resulta imposible frenar, sólo se me ocurre seguir corriendo, pero cada vez más rápido, acelerando tanto, tanto, como para superar la velocidad de la luz lo bastante como para poder retroceder en el tiempo hasta aparecer detrás de mí mismo con el único y expiatorio propósito de darme una soberana patada allí donde mi espalda pierde su casto nombre.


     Mano de santo.


     O no.